Mario Alfonso Escobar y el libreto de su vida en la radio

Mario Alfonso Escobar y el libreto de su vida en la radio
Por Miguel Ángel Hoyos

Hoy es un día sin novedad para la vida de Mario Alfonso Escobar. Se levantó a las cinco de la mañana, leyó la prensa , asistió a la cita radial de las nueve de la mañana con El Corrillo de Mao.

Faltan cinco minutos para las doce del mediodía y el segundo tiempo de El Corrillo de Mao está por comenzar de nuevo. Abandona su oficina  y se dirige a la cabina de Romance FM, la emisora que emite el programa deportivo más escuchado de la ciudad y dónde los espera el equipo periodístico de su programa. (Reinaldo Barco, Jaime Dinas, Vicente Gallego Blanco, Diego Saviola, Rodrigo Roldán, entre otros). Pensativo, más no distraído, devuelve los saludos de admiración que las personas de la emisora le regalan. Cruza el primer piso de la Red Sonora, se acomoda en la silla de cabecera de la mesa. Y, al aire de nuevo.

Llama por teléfono al sacerdote Alfonso Hurtado Gálviz, a quien considera un personaje muy significativo para la ciudad de Cali.Tras un saludo fraternal y varios asuntos de memoria de la ciudad, el padre hace una confesión pirotécnica que desencadena el fisgoneo suyo y el de los periodistas que lo acompañan en cabina. Disfruta del relato de su fuente al otro lado de la línea telefónica, pero no puede evitarlo, va a preguntar, un tanto risueño. Encoje los hombros, golpea con delicadeza la mesa, el sonidista abre su micrófono y Mao suelta la pregunta para esclarecer el punto: “¿Padre, usted a su novia de esa época, dónde la vio con otro?”

El padre cuenta su historia. Menciona un poema que le hizo a aquella mujer. Mao lo autoriza: “Claro padre, declámelo”. Al final del recital y algo de anécdotas de otras épocas, Mario Alfonso interrumpe para regresar al pilar emotivo de la conversación. “Pero padre, yo soy, antes que todo, periodista y usted me obliga a hacerle otra pregunta. ¿Usted vivía con esa muchacha? Sus compañeros se ríen. Seguramente, sus oyentes también.

El libreto de su vida

Su sueño era ser aviador, pero lo que vuela ahora son sus palabras. Su manera de hablar es narrativa, radial, sube y baja el tono, momentos de tensión, momentos de calma. Con entonación, puntos y comas. Algunas veces parece perdido en su rol profesional, lo que es inevitable, tras casi cincuenta años de vida en los medios. Su personalidad es sencilla y fácil de descifrar. No esconde demasiado.  Nombrarlo es también mencionar  a aquellos quienes están en el guión histórico de la radio en Cali. La secuencia de eventos en su vida lo llevaron al lugar común: Mario Alfonso Escobar nació para la radio.

El pequeño de doce años trasmitía imaginariamente los partidos de fútbol. Montado en un palo de guanábana, desde el solar de su casa enviaba sus relatos al viento en  la colina del barrio San Antonio, donde vivía con su familia católica. El destino posterior de sus palabras viajeras: el periodismo, la gente. “Ve, en vez de estar allá trepado en ese palo, por qué no te vas a un concurso que hay en una emisora”, le sugirió su hermana Carmen Tulia. “¡Ahh sí! ¿Y dónde es?”.

Era la RCO de finales de los años cincuentas, emisora independiente que llevaba la bandera de las emisoras radiales en Cali en una época romántica del medio, ‘Programa de Matinales Infantiles Croydon’, recuerda Mao risueño y enternecido, con esa memoria prodigiosa que lo caracteriza, el nombre del espacio que lo convocaba a empezar con su carrera y a tomarse en serio sus tardes de relator imaginario en el palo de guanábana.

Ganador del concurso de narradores para cuentos infantiles, Mario Alfonso Escobar  reclamó su premio: Un pan gigante y unos zapatos. Al respecto dijo: “Uno en esa época se conformaba con lo que le dieran”. De carambola, también se ganó la designación para ser el maestro de las ceremonias de su colegio. Trabajo que incluía, desde rezar el rosario en junio y mayo, presentar oficialmente el día de la fiesta de la madre, hasta declamar para sus compañeros en los actos de clausura.

Otro concurso, en el marco de la inauguración de lo que sería llamado Radio Calidad, llegó a sus oídos. A sus dieciocho y gracias a la experiencia de cinco años, no en los medios como hubiera querido, pero sí aquella que dejó la exposición pública de sus talentos en el colegio, el perifoneo, los micrófonos, el contacto con la gente, le permitió ganar el emotivo premio: transmitir un partido de fútbol, uno real. Cali le ganaba 3 a 1 al Caldas por el torneo local y el ascenso del periodista radial continuaba.

Posteriormente llegó a La voz del Valle, ya con Óscar Rentería, gran amigo y compañero de victorias profesionales. Juntos hacían ‘Campo abierto’, programa eminentemente deportivo donde consolidaría aún más su pasión. De esta estación de su vida recuerda una peculiar pauta publicitaria que se rodaba en el programa dónde él personificaba con gracia a un abuelito. ‘Farina, el alimento de los niños de Colombia’, cuya cuña resuena en la cabeza de Mao causándole gracia y decía, según él, más o menos así: “Farina, los ricos la toman en leche, los menos ricos en agua-leche y los pobres, en agua, de cualquier forma, Farina es lo mejor”.

De regreso al Corrillo

El padre no aclara de manera explícita la duda. Pero, después de interpretar el relato, los periodistas concluyen que sí, que efectivamente, el cura vivía con la muchacha. El padre se desparrama en discurso.   A Mario Alfonso no le molesta pero dice que no es lo ideal. Sus compañeros están de acuerdo. Anticipa los datos que configuran la narración histórica del religioso, confirmándolos y recordando con agrado. Es la una y once minutos en el reloj de El Corrillo, le pide la bendición al padre y lo despide con aprecio.

Mao dirige la orquesta de su programa. Vamos con esto, vamos con lo otro. “Noticia del día”. “cuña”,  señala a quien debe leer los anuncios. Momento de pausa y mientras tanto sus compañeros hablan fuera del aire.

Diego Saviola, periodista encargado de la sección Las cosas del América y Cali, comenta sobre algún directivo del equipo de fútbol América de Cali que trató mal a la prensa y de la posterior réplica de los reporteros. Mao sigue atento la conversación, no se deja llevar por la acalorada discusión y pregunta. “¿Al final el directivo presentó disculpas?”.  Y concluye categóricamente:

“Bueno, eso es lo que importa”. Continúa leyendo las cuñas en un libreto de letras muy grandes, lo que le permite dejar sus lentes en la frente. (Los usaría poco o nada durante el programa).

“Faltan muchas notas, el padrecito se llevó medio programa”.  Mao admira  la memoria de su invitado pero condena el tiempo que le dejó. Al final, todas las secciones y notas se evacúan.

Son las dos de la tarde, es hora del resumen del día. “Colocá allí— le ordena a Rodrigo ‘Cuco’ Roldán, encargado de tal menester— dejé a mi novia porque me montó los cachos”.

De sus logros habla en plural

A principios de los años setentas (una época en que los periodistas Joaquín Marino López y Femando Franco eran líderes de las transmisiones y los comentarios deportivos)  se encontraron en un sitio nocturno llamado Pablito, Óscar Rentería, Mario Alfonso y Carlos Galarza, este último periodista de Radio Todelar.  Conversaron.  Mao, en un ambiente de fiesta, sin reparos le dijo a Galarza: “Mirá, Carlos, me parece que Joaquín Marino y Fernando Franco tienen un gran inconveniente en sus transmisiones. ¿Cuál es ese gran inconveniente?.  Ellos tienen que seguir el balón, para poder narrar, y siguiendo el balón, les queda muy difícil comentar”.

No se hizo esperar la llamada de Joaquín Marino, de Todelar, quien se tomó muy en serio el comentario expuesto en aquella noche de rumba. La conclusión y resultado nada despreciable de esta anécdota sería la implementación en la radio caleña del modelo de narrador y comentarista, como binomio inseparable en transmisiones deportivas.

De esta manera, Óscar Rentería y Mao terminarían comentando y cubriendo juntos los vestuarios de los equipos de fútbol en las emisiones en directo de RadioTodelar, al mismo tiempo que complementaban su labor en el campo de juego, dando coletazos de opinión en las columnas del diario de Occidente.

Con la entonación propia de su voz radial, complementa Mao: “Por aquel entonces—con voz nostálgica—no se hacía lo que hoy se hace en las trasmisiones deportivas — énfasis, eleva la voz.  Pausa  y… fuerza—. Joaquìn Marino López…entraba en directo desde el estadio, faltando diez minutos, daba las alineaciones e inmediatamente, iniciaba la transmisión. Respira y, arriba otra vez: “Terminaba el primer tiempo y daba cambio para un suplemento, musical”. Baja  de nuevo  el tono, con algo de decepción, dice en un solo soplo: “No había comentarios, era pura narración, diez minutos de música y después de nuevo él tomaba la trasmisión desde el Estadio Olímpico Pascual Guerrero”, y concluye: “La aparición de los comentaristas y la información desde los vestuarios se dio así, de la manera en que te la he descrito ”.

Una carta de su amigo Rentería, que por cosas del destino terminó laborando en Cúcuta, en donde le exteriorizaba a Mao su deseo de regresar  a Cali, motivaría el paso de los dos a Caracol. Gestionó el asunto por medio de su conocido Eduardo Rueda Santos, quien prometió comentarle la situación al gerente de Caracol Radio. No tardó la vinculación de ambos y comenzó lo que sería una época que Mario Alfonso llamó con seguridad, “La gran época de Caracol, Rafael Araújo Gámez, Óscar Rentería, Ricardo Alarcón, Jairo Aristizabal Ossa, José Hugo Feijóo…”

A principios de la década de los setentas, Mario Alfonso Escobar  participaría en el feliz descubrimiento de la forma como se hacía radio en la capital mundial del fútbol. La figura de remitir corresponsales diarios a los entrenamientos de los equipos, Deportivo Cali y América de Cali, surgió a partir de una trasmisión en Brasil, donde los observadores Mario Alfonso y Óscar Rentería descubrieron de que sus colegas brasileños enviaban un periodista a los entrenamientos de cada uno de los doce equipos de Rio de Janeiro. En el presente esta metodología la utiliza en su Corrillo.

Alguna discrepancia en Caracol lo llevó a retirarse. “Fue cuando apareció lo del Grupo Radial Colombiano, La Guerrilla Deportiva”. Nombre justificado por el entonces fervor de las ideologías guerrilleras y creado por el ya fallecido publicista Pedro Chang.

A pesar de que Caracol tenía la exclusividad de las transmisiones de fútbol  en los campeonatos del mundo, Mao asegura que no hacían periodismo deportivo en esa estación radial. Representando a La Guerrilla Deportiva, Mao llenaría ese vacío que resultaba irónico para una cadena tan grande como Caracol: Mao llegaba,  “a hacer periodismo deportivo”. Así comenzaba la impensada rivalidad con Oscar Rentería quien continuaba  en Caracol. Competencia  que para esa época se tornaba personal, en tanto se sustentaba en la vanidad periodística. “El uno pensaba que era mejor que el otro”. “Hoy, la rivalidad es netamente profesional y aunque la relación ha cambiado, se mantiene”.

RCN radio, a pesar de su poder económico y su buena baraja de emisoras,  no había logrado una buena audiencia en Cali, por lo que el nombre de Mario Alfonso Escobar se hizo grande para revertir aquella situación. “Afortunadamente con nosotros (refiriéndose a Rafael Araújo, compañero suyo anteriormente en Caracol y ahora en RCN) esta cadena radial logró incrementar su audiencia”. A tal punto fue su aporte en esta cadena, que, una vez logrado el mérito de atraer público, emprendió la lucha para llevar los programas deportivos a la banda FM. Como casi todos sus propósitos, lo logró. “Después de muchos gestiones con los jefes Ricardo Londoño y con Jairo Tobón, conseguimos que nos entregaran Rumba Estéreo en la FM para hacer los programas deportivos en las mañanas. Pero, continuábamos trasmitiendo por la cadena básica los partidos”.  Al final, como mucho de lo que se ha propuesto, Mao consigue trasladar la transmisión de los partidos a la banda FM.

Son las 2:50  de la tarde, Mario Alfonso tiene que despedirse. Lo espera el programa de televisión de las nueve de la noche que hace en compañía de su amigo Marino Millán: ‘Mao Tv, Marino Te Oye’,  ‘Los 3.600 segundos más cargados y explosivos de la televisión local’.

Un compañero suyo le acerca un pedazo de papel. Lo lee aprentando sus ojos para enfocar bien el reducido texto en el papel, todavía con los lentes en la frente. Le agrada la idea que sugiere el papelito y sonríe picaronamente. “Hasta aquí el Corrillo de Mao. Los dejamos con el tema del día: El Santo Cachón”.

Dos pasiones

- Mao ¿verde o rojo?
En una ciudad de dos equipos. Uno lucha para que los dos estén bien.

- ¿Pero el corazón siempre dicta algo, no?
Claro, ¿un equipo?, la Selección Colombia.

- ¿Crítico o militante con los equipos?
La gente siempre piensa que criticar es dar palo. No. Hay críticas positivas. Yo fui crítico. Pero uno aquí en Cali siempre tiene que mantener el equilibrio. Aunque aquí los hinchas del América me dicen que soy del Cali y los de Cali que soy del América. Ahora, qué es lo que pasa. El hoy olvida fácilmente que en momentos de gloria del deportivo Cali, uno estaba al lado de ese equipazo. Después vino el momento de América con el  doctor Ochoa y uno entonces hablaba de ese equipo.