Por María Brenilde Uribe
Quibdó
Maritza Parra Córdoba hace parte de los 14 hijos del señor Patrocinio Córdoba (q.ep.d.). Es una mujer afrodescendiente como el 90% de las personas que habitan el departamento del Chocó, en Colombia.
A sus 45 años ha conocido las dificultades que viven las personas vulnerables, pero también ha recibido satisfacciones, que resultan de pertenecer a una comunidad para la que todos sus integrantes son una gran familia.
En medio de las condiciones de violencia, desplazamiento y pobreza, factores con los cuales se ven obligados a sobrevivir a diario los habitantes del territorio chocoano, surge la perseverancia y voluntad de aferrarse a lo que la tierra les ofrece y sacar la mejor ventaja de ella, partiendo de las prácticas tradicionales que les hace interesantes y atractivos en medio de esta gran globalización.

El trabajo mancomunado y la alianza de varias instituciones permitieron la continuidad del proyecto Tana, que hoy es la forma de vida de estas mujeres.
Aprendió de su abuela y posteriormente de su madre el proceso de cultivar y vender plantas aromáticas, “Cuando era niña, mi mamá me llevaba a los cultivos de viernes a domingos, porque la escuela estaba en Quibdó; yo le ayudaba a cultivar y a recoger la producción que después vendíamos en la plaza de mercado”, recuerda Maritza.
Siempre contaron con tierras que han sido transferidas por generaciones, donde cultivan frutas, árboles maderables y plantas aromáticas (cilantro, albahaca, orégano y poleo), actividad que realizaban a la par con la extracción de oro, mediante la técnica del ‘barequeo’, con el ánimo de complementar los ingresos.
“Siempre he querido estudiar Matemáticas o Administración de Empresas en la Universidad, pero después del nacimiento de mis cuatro hijos la situación económica se complicó y preferí que fueran ellos los que estudiaran”, expresa Maritza, con un poco de nostalgia y, a la vez, orgullo, al aclarar que, como fruto de ese esfuerzo, dos de sus hijas estudian Administración de Empresas e Ingeniería Ambiental en Quibdó.
“Nunca dejé de sembrar las plantas aromáticas, por eso cuando se presentó la oportunidad para agruparnos y soñar con una empresa, invité a cinco personas más. Hoy día somos 75 mujeres en Quibdó que cultivamos cilantro, albahaca, orégano y poleo. Hay 65 más ubicadas en Bojayá y Vigía del Fuerte, donde se siembra gengibre y cúrcuma, mientras cuatro transformamos la materia prima en Quibdó; es empacada en Medellín y se vende en grandes almacenes de cadena en las principales ciudades de Colombia”.
A falta de una buena preparación académica que permita a estas mujeres desempeñarse en otras actividades como profesionales, casi siempre queda la opción del trabajo informal, representado en venta de pescado, frutas o verduras de río, sin desconocer que allí puede estar la base para emprender negocios rentables y dignos para esta población.
El trabajo mancomunado y la alianza interinstitucional permitieron dar continuidad al proyecto que iniciara con el respaldo de la Fundación Espave, quienes propiciaron el acercamiento de estas mujeres emprendedoras con la Fundación Panamericana para el Desarrollo, Fupad, y estos, a su vez, las relacionaron con la Fundación Clinton. En la actualidad, Acción Social y la Alcaldía de Quibdó también se han involucrado para aportar en la construcción de lo que se iniciara como un sueño y hoy es una realidad.
Después de 13 años de trabajo organizado, hoy cuentan con 130 parcelas productivas, una planta de producción en Quibdó, con capacidad de transformar seis toneladas mensuales de producto; fortalecimiento institucional y productivo, dotación y adecuación de la planta de transformación y articulación con nuevos mercados.
“Nuestra historia demuestra que en medio de tanta incertidumbre, desesperanza y pérdida de credibilidad, lo que hay es que seguir trabajando y nunca perder la fe en las personas y entidades”, argumenta Maritza.
LA PLANTACIÓN DE ÉXITOS SIGUE DANDO BUENA COSECHA
Este proyecto empresarial que se identifica con el nombre de Tana, diminutivo de Tanando, corregimiento de Quibdó, de donde provienen algunas de las cultivadoras, y que traduce árbol fuerte como las mujeres y con mucho sabor, fue seleccionado por la Oficina de la Alta Consejería para la Mujer y la Cámara de Comercio de Quibdó para participar en en la feria Mujer Empresarial, celebrada en Bogotá.
“A partir de la participación en estos espacios nacionales, aspiramos a conquistar nuevos mercados para poder aumentar los ingresos de todas y así seguir soñando con una gran empresa, sin dejar de lado el poder llegar a convertirme en administradora, así sea graduada en la universidad de la vida”, concluye la hija de Patrocinio.



