Historias mínimas de Usain Bolt

Historias mínimas de Usain Bolt

Con 23 años Usain Bolt podría pasar a feliz retiro y dedicarse a lo que más le gusta hacer mientras no corre las 18 horas de su rutina semanal: dormir. Ya todas las hazañas están cumplidas, las marcas rotas y las páginas de la historia del deporte lo reseñan como el humano más veloz.

Pero el atleta jamaiquino quiere algo más que no tiene nada que ver con plusmarcas o medallas: “Sacar todo el dinero posible de esto antes de retirarme”, le dijo al periodista Robert Crampton, quiere ser el primer atleta en ganar tanto como las estrellas de la NBA, el béisbol estadounidense o el fútbol europeo.No sorprende que ahora tenga sus intereses puestos en elevar sus estratos bancarios, justa razón porque en la pista atlética logró en doce meses lo que le había costado al resto del atletismo 41 años: bajar en once centésimas el récord de los cien metros planos.

Ocurrió que en la noche del 16 agosto de 2009, en el verano de Berlín, corrió durante 9,58 segundos y se desplazó cien metros, la nueva y actual marca universal de esa modalidad deportiva. Cruzó tan sobrado que llegó a bailar reggae y a tomarse fotos envuelto en la bandera de su país al lado de un tablero electrónico que mostrabraba  el 9,58. Sus principales rivales Tyson Gay y Asafa Powell apenas se acercaban a lo que Bolt ya había marcado meses atrás.

A la pregunta de qué le había pasado por la cabeza mientras competía respondió “sólo he tenido que centrarme y relajarme. El resto estaba todo hecho”.

Los especialistas atinaron a decir que esta vez sí se esforzó, no cómo el año anterior en Pekín en los Juegos Olímpicos cuando batió por tres centésimas la plusmarca reinante impuesta por él dos meses antes. Ese sábado Bolt sabía que medio mundo lo miraba (1000 millones de telespectadores), por que al ser tan simple de entender que ese deporte consiste en correr y llegar primero, convoca cualquier tipo de espectador terrícola.

Vistiendo su metro con 95 centímetros de amarillo y verde, con zapatillas naranja número 47 y medio, antes de que se avisara la partida se pasó las manos por su rapada cabeza, hacía como si apuntara con un arco, todo fue tan rápido que nueve segundos después se golpeaba el pecho para celebrar. En esas estaba cuando cruzó la meta con un 9,69, gestos que no repitió en Berlín y redujo hasta lo impensable la marca 9,58 segundos.

Estas imágenes de Bolt compitiendo contra Bolt en la pista del Nido de los Pájaros, en Oriente, sólo son comparables con las añejas, grises y cinematográficas de Jesse Owens, un atleta negro norteamericano que saltó en Berlín, también en un agosto pero de 1936, y se mantuvo en el aire con los brazos abiertos como las alas de un pájaro, y cayó 8,06 metros adelante.

La prueba final de Salto de Longitud en los Juegos Olímpicos de Alemania se había vendido como mucho más que una competición deportiva, era toda una propaganda del régimen nazi que tenía en el duelo entre Owens y el prototipo árido Lutz Long el cartel principal. El resultado, un récord que perduró 25 años, fue para los once mil berlineses asistentes y para Adolfo Hitler, un mazazo.

Lo que pasó en China no impactó por ser un mensaje contestatario de la raza negra, como en los Olímpicos de Berlín, en 1936, sino por la extrema tranquilidad y confianza que reflejó Bolt, dignas de un acróbata antes que de un deportista de alto rendimiento.

Un atleta alemán de apellido Unger quien compitió a su lado en las pruebas clasificatorias en esas olimpiadas, dijo que “ni siquiera se molestó en entrar en calor. Llegó con su bañador y sus zapatillas, tomó carrerilla, probó la salida y se hizo cien metros en 9,92 segundos. Para mí, todo esto es una gran tomadura de pelo.”

Pero donde se siente más tranquilo y confiado es jugando Play Station, Pro Evolution Soccer y Call of Duty sus favoritos, se enfrenta a otros aficionados de los video juegos por Internet como anónimo, “porque no quiero que la gente vaya por ahí diciendo que le ha ganado al hombre más rápido del mundo.”

El nido jamaiquino

Quienes lo conocen cuando no corre consideran que es de esos seres que parecen tener el destino marcado y que no busca el éxito sino que el éxito lo busca. Se comporta ante la prensa sin aparentar lo que no es, pero autorregulándose para no hablar de más.

Usain Bolt sigue siendo un auténtico transeúnte de las calles jamaiquinas, un aficionado al hip hop que se bebe un par de cervezas y rumbea con la novia de siempre (Mizzican), un hincha del Manchester United que sortea inconvenientes más normales que sus 40 kilómetros por hora en la pista, como el estrellón que sufrió en su BMW a las afueras de la ciudad de Kingston sobre una carretera mojada.

Sigue rechazando ofrecimientos del extranjero y entrena en un centro deportivo estatal de Jamaica, “no soy capaz de imaginarme viviendo en otro lugar”. Ahí donde siendo un niño adventista del Séptimo Día se entrenaba en una pista de hierba, metida entre palmeras y vegetación de la escuela Hebert Morrison de la ciudad Montego Bay.

Bolt llegó a esta ciudad proveniente de una aldea de mil habitantes de nombre Trelawny, donde nació sin pobreza y junto a su madre y su padre, el tendero Wellesley. Estas cualidades lo diferenciaron del 80% de la niñez jamaiquina que tienen justo en la carencia de familias completas e insuficiencia económica su rasgo común.

Es el atletismo de distancias cortas para Jamaica lo que son las pruebas de resistencia en el mismo deporte para Kenia o el fútbol para Brasil, donde se estimulan las dotes naturales de sus gentes para brindar una opción de vida y figurar en el panorama de las pruebas de élite entre naciones.

En Montego Bay, población orgullosa del cantante Bob Marley, donde el atletismo es asimilado como una oportunidad para salir de la exclusión, se aglomeran hasta treinta mil personas para ver el Campeonato Nacional de Atletismo de Secundaria

En estos escenarios el adolescente Usain logró ser el primer atleta junior en marcar menos de 20 segundos en los doscientos metros, su especialidad desde el colegio, y en ganar en la misma modalidad el oro en los campeonatos nacionales de Jamaica en 2007, con 19,75 segundos, su antesala a la gloria internacional, porque en los dos años venideros se adueñó del dorado olímpico y mundial, con 19,30 y 19,19 segundos, plusmarcas impuestas, superadas y vigentes por él, como para no perder costumbre.

De esos campos de entrenamiento han surgido velocistas como Dwight Robinson, Teyaskie Lewin, Gerald Duncan y ya se habla del prospecto Dexter Lee. De los estímulos y bondades del lugar se menciona el aire libre de contaminación, pues no hay fábricas; la perseverancia de su gente, los antecedentes de la esclavitud y hasta el agua pura.

El asunto mereció un estudio elaborado el año pasado por la Universidad de Glasgow y de la de las Indias Occidentales (UWI). Durante dos años se analizaron a más de doscientos atletas jamaiquinos, descubriendo que casi el 70% tenía en sus fibras musculares un componente químico denominado Actinen A que potencia las piernas. El mismo test se realizó con un grupo de australianos, y sólo un 30% tenía el componente.

Mientras brotan las futuras estrellas jamaiquinas y la expectativa por el Bolt versión Londres 2012 crece y a la par la discusión entre quienes sostienen que lo espectacular en su obra concluyó, y los que consideran que en los estadios anglosajones se verá lo mejor, Usain Bolt inició la carrera por ganar tanto dinero posible antes del retiro. En esa noche de Pekin mostró sus zapatillas con la marca de su patrocinador al aire, el impacto mediático fue de 177 millones de euros, su comisión sin duda le dejará más tiempo para dormir.