El arduo camino al éxito

El arduo camino al éxito

Rio de Janeiro, 26 de julio de 2007. Gimnasio Algodão, en el Complejo Deportivo Miécimo da Silva. Dos karatecas disputan un combate en la categoría de los 80 kilógramos. El brasilero Nelson Sardenberg gana el combate con una diferencia de tres puntos. Faltan cuatro segundos. Sólo un milagro puede negarle el triunfo al karateca local.

En el coliseo reverberan los vítores patrióticos de la barra y brillan los colores de la bandera brasilera en la extensión monumental de las graderías. Un segundo después, el silencio aplasta el entusiasmo de casi todos los espectadores. Sólo se oyen los gritos y aplausos de una mujer, la única dichosa entre la muchedumbre desconcertada.Tres segundos separaban al karateca brasilero de su primer triunfo en los XV Juegos Panamericanos. Su rival, Yílber Ocoró, un hijo de Buenaventura, se había sugestionado a sí mismo con una serie de mensajes que negaban la existencia de lo imposible. Yílber tenía razón: en el tiempo de un suspiro cerró una diferencia que parecía abismal en ese instante, arruinó la fiesta de los brasileros y empezó la de sus compatriotas.

Los únicos gritos que se oían en las graderías eran los de la vallecaucana Ana María Escandón, quien también compitió en esos Juegos.

Más tarde, ese mismo día, Yílber venció a rivales de Cuba y Canadá. Perdió en la final ante al chileno Diego Bohórquez, pero besó su medalla de plata y sintió en ella un sabor más glorioso que el del oro. Era un premio a una década de disciplina, el galardón más brillante entre sus muchos triunfos y, también, la promesa de hazañas futuras.
Yílber Ocoró es uno de los atletas más destacados de Colombia , pero necesitó algo más que fuerza y rapidez para darle golpes definitivos a la adversidad. “Lo principal en el karate es la constancia y la disciplina. Inicialmente no tenía destreza para este deporte”, comenta el deportista de 29 años.

Cuando habla, sorprende. No por la gravedad de su voz, sino por el tono jovial con el que cuenta su historia. Ha sido campeón nacional de karate 20 veces y fue subcampeón panamericano en los juegos de Rio de Janeiro 2007, pero sus palabras vibran con un timbre de dicha atemperado con una sincera modestia. Tiene la humildad de quien no se dejará nunca obnubilar por sus hazañas. El empinado camino hacia el triunfo lo ha hecho solidario con los que, como él, debieron hacerle frente a la pobreza.

Retos y ascensos

Criado por su padrastro Rufino Rentería, por su madre Alicia Venté y por su abuela Hipólita Gómez, Yílber conoció a su padre natural cuando tenía doce años. Estudió su primaria en el corregimiento de Llano Bajo, en Buenaventura, y el bachillerato en el Instituto Antonio Nariño, del cual se graduó como técnico industrial en electricidad, en 1999.

Dos años antes de terminar su bachillerato observó cómo su profesor de educación física, Joselito Gamboa, quién además era técnico de la selección de Karate del Valle, animó a una de sus compañeras de estudio para que entrenara ese arte marcial, pues descubrió en ella grandes virtudes atléticas.

Yílber Ocoró le comentó a su profesor que él también quería entrenar. Si bien sus habilidades físicas no eran tan manifiestas, el futuro campeón quería transformarse en un peleador similar a los protagonistas de los filmes de artes marciales: “Me llamaban la atención las películas de Bruce Lee”, recuerda sonriente Yílber.

En 1998, ese muchacho animado por los héroes de ficción ya era un guerrero en la vida real. Un año después de ingresar al mundo del Karate de la mano de su profesor y entrenador Joselito y de su esposa, Rosalí Ramos, quien también era artista marcial, Yílber Ocoró logró su primer título nacional.

“Trabajar con la esposa de mi entrenador me ayudó mucho porque empecé a entrenar a su nivel, a ser parte de un trabajo que ya venía muy adelantado con ella”. Además de estas condiciones privilegiadas de su preparación, Yílber destaca la generosidad de su mentor deportivo: “Asumió roles que no le correspondían. Me llamaba a entrenar a su casa para alimentarme de acuerdo con las exigencias físicas que yo estaba teniendo, porque sabía las condiciones en las que yo vivía”.

Después de conquistar su primer campeonato, en Manizales, en 1998, Yílber inició su recorrido por los caminos del oro. Primero conquistó cuatro preseas en la categoría juvenil y después descubrió la importancia de la experiencia y de la fortaleza mental en la categoría de mayores.

A pesar de que, en su opinión, los jueces favorecían a los competidores con una trayectoria más larga, no dejó que ninguna derrota fuera definitiva. Su régimen consistía en tres jornadas de entrenamiento. Por la mañana y por la noche se preparaba bajo la dirección de su entrenador. Al mediodía entrenaba por cuenta propia.

Combate a combate fue adquiriendo la racionalidad de los experimentados. Competir con artistas marciales de alto nivel como Óscar Ramos, de la delegación antioqueña, expandió su arsenal técnico y le dio la frialdad que define los momentos más complejos de su disciplina.

Recuerda Yílber de sus lidias con Oscar Ramos: “Cuando competíamos, me decía: ‘Ese punto era tuyo’, si el juez se lo daba a él y él creía que no estaba mal marcado. Me decía: ‘Te vi tal falla’. Tienes que mejorar en esto. También le decía a mi entrenador: ‘Trabájale a Yílber esto’ o lo otro. Me dijo también que le gustaría estar conmigo en la selección Colombia cuando saliéramos a un torneo internacional”.

Llega el respaldo

Aunque muy pronto se ganó la titularidad de la selección Valle y venció a varios de los más respetados karatecas del país, su situación económica y la falta de patrocinio le impedían la salida hacia otra ciudad y menos a torneos internacionales. “A veces el entrenamiento quedaba a media marcha. Uno se preparaba, pero como no se podía viajar, ahí quedaba toda la preparación”.

Desde 2005, Yílber ha podido visitar otros países de América Latina gracias al apoyo de la Fundación Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura. Su primer paso hacia la medalla de plata en los XV Juegos Panamericanos fue una la presea de bronce que obtuvo en los VIII Juegos Sudamericanos, disputados en 2006, en Argentina.

Durante esos juegos, un oponente ansioso de remontar la diferencia por la que Yílber se le imponía, incurrió en un movimiento irregular y dejó al bonaverense fuera de combate. Las reglas del Karate competitivo estipulan que si un karateca pierde el sentido luego de una maniobra no aprobada por los jueces, el combatiente lastimado es el ganador, pero no puede seguir compitiendo en las siguientes rondas.

Sin embargo, el bronce fue la puerta de entrada de Yílber a su hazaña de los Panaméricanos de 2007 en Río de Janeiro. Con el apoyo de la Fundación Sociedad Portuaria viajó a Tokio, Japón, a representar a Colombia en un mundial de Karate, y a Venezuela, a participar en otro torneo panamericano de su disciplina.

El patrocinio de la Fundación también le permitió culminar sus estudios de Contaduría en la Universidad del Valle.

Sonriente, señala que se graduó en septiembre de 2009 y que así cumplió otro de sus sueños: el de ser profesional.
“Queremos contribuir a la formación integral de las personas. Yílber no es sólo un deportista, sino un ejemplo de talento humano competitivo. Es un muy buen estudiante y por eso consideramos que apoyarlo en su vida académica, además de colaborarle para que compita en otros países, es fundamental”, afirma Flor María Yanes, Gerente Social de la Fundación Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura.

El karateca oriundo del Pacífico vallecaucano se describe como un atleta explosivo. La certeza con la que ataca a sus rivales contrasta con la serenidad en la que se sumerge durante su tiempo libre. Lee, escucha baladas y ve comedias de cine para aliviar los afanes de la vida deportiva. .

El entrenador de Yílber, Joselito Gamboa, lo describe como una  persona bastante dedicada. “Tiene las cualidades físicas, pero, por encima de todo, tiene la fortaleza mental. Es muy disciplinado y tiene mucho sentido de pertenencia.

Es la razón de ser el grupo de quienes entrenan con él y el ejemplo de los que vienen atrás.

“La meta de Yílber es ser campeón mundial de Karate. El tiene todos los elementos para llegar a serlo”, asegura Joselito Gamboa.